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Qué necesita una fallera: guía completa del traje
Vestir de fallera es mucho más que ponerse una falda bonita. El traje valenciano se compone de muchas piezas, cada una con su nombre, su función y su pequeño secreto. Si es la primera vez que vas a vestir a tu hija, o a ti misma, esta guía te lo explica todo con calma, de dentro hacia fuera.
Cada temporada recibimos en nuestra tienda de Xàtiva a familias que llegan con la misma sensación: muchas ganas y un poco de vértigo. Es normal. Entre enaguas, manteletas, agujas y peinetas, la lista parece no acabar nunca. La buena noticia es que, cuando entiendes para qué sirve cada pieza, todo encaja. Vamos a recorrerlas en el mismo orden en que se viste una fallera.
Lo primero: la ropa interior y la estructura
Lo que no se ve es lo que hace que el traje luzca. Un traje precioso sobre una base mal resuelta cae sin gracia, mientras que un traje sencillo sobre una buena estructura parece otro.
La camisa interior. Es la primera capa, en contacto con la piel. Protege el traje del sudor y hace más cómodo el corpiño durante horas de acto. Conviene que sea fina y transpirable, y que no asome por el escote.
El corsé o justillo. Ayuda a mantener la postura y a que el corpiño siente sin arrugas. No se trata de apretar, sino de sujetar: una fallera tiene que poder respirar, caminar en la ofrenda y sentarse en una comida sin pasarlo mal.
Las enaguas. Son las faldas interiores, almidonadas, que dan el vuelo característico. Sin ellas la falda cae plana y pierde toda su presencia. Lo habitual es llevar varias superpuestas; cuántas depende del vuelo del traje, de la talla y del gusto de cada fallera. En la prueba lo ajustamos para que el volumen sea el justo, sin que la falda parezca una campana ni se quede corta.
Las medias y el calzado. Las medias suelen ser blancas, a menudo caladas. Los zapatos van forrados con tela a juego con el traje o en un tono que armonice. Un consejo de casa: estrénalos unos días antes en casa. Una ofrenda con zapatos nuevos y rígidos se hace muy larga.
El traje: falda y corpiño
La falda o guardapiés. Es la pieza protagonista. Suele llevar motivos florales que marcan el carácter de todo el conjunto, y es la pieza que más define la presencia del traje. El largo es importante: debe dejar ver el zapato sin arrastrar, para que puedas caminar con soltura por la calle.
El corpiño o jubón. Es la parte de arriba, ajustada al cuerpo y a juego con la falda. Su corte cambia según la época que representa el traje: no es igual un modelo inspirado en el siglo XVIII que uno del XIX, ni en la manga ni en el escote. Si te interesa esta diferencia, te la contamos con detalle en nuestro artículo sobre los trajes del siglo XVIII y del XIX.
Los complementos textiles
El delantal o davantal. Se coloca sobre la falda y aporta luz al conjunto. Puede ser de encaje o de tul bordado, y su elección depende mucho del traje: sobre un dibujo muy cargado, un delantal ligero equilibra; sobre un traje sobrio, uno más rico aporta presencia.
La manteleta. Se cruza sobre el pecho y los hombros, y es una de las piezas que más cambia el aire del traje. Las hay de encaje, bordadas en oro, más discretas o más espectaculares. Elegir bien la manteleta es la mitad del éxito de un conjunto.
El pañuelo. Algunos modelos, sobre todo los de inspiración más antigua, llevan un pañuelo que cubre el escote. Cuando el traje lo pide, forma parte de su esencia.
Los aderezos: las joyas que lo cambian todo
Los aderezos son el conjunto de joyas tradicionales, y aquí está buena parte del brillo de una fallera.
- La peineta, que corona el moño principal del peinado.
- Las agujas, que sujetan y adornan los moños.
- Los pendientes, normalmente largos, a juego con el resto del aderezo.
- El collar y la joya del pecho, que completan el conjunto y suelen ser lo primero que se ve en una foto.
Un aderezo no se elige suelto. Tiene que dialogar con la tela del traje, con el color de la manteleta y con la época del corte. El dorado de un aderezo puede apagarse junto a un traje muy brillante o lucir muchísimo sobre uno más sobrio. Por eso, en la prueba, nunca miramos el traje sin sus joyas.
Un traje sin sus aderezos se queda a medio camino. Son las joyas las que lo convierten en algo verdaderamente vistoso.
El peinado
El peinado de fallera es todo un arte. Según la época del traje, se lleva un moño o tres moños (uno detrás y dos a los lados, sobre las orejas), con su peineta y sus agujas. Suele hacerlo una peluquería especializada el mismo día del acto, así que conviene reservarla con antelación, igual que el traje. Si tienes el pelo corto o muy fino, no te preocupes: existen postizos y rellenos que dan el volumen necesario.
El orden para vestirse el día del acto
Para que todo salga bien el día grande, este es el orden que recomendamos:
- Peinado hecho, antes de ponerte nada por la cabeza.
- Camisa interior, corsé, medias y calzado.
- Enaguas, de la más interior a la más exterior.
- Falda y corpiño.
- Delantal y manteleta.
- Aderezos: pendientes, collar y joya del pecho al final.
Pide ayuda: vestirse de fallera sola es casi imposible, y una segunda persona con alfileres a mano vale oro.
¿Hay que comprarlo todo?
No necesariamente. Y aquí está la buena noticia: alquilar el conjunto completo te evita la inversión de comprar cada pieza, sobre todo si la fallera va a crecer o solo va a vestir unas pocas veces. En L'Andana tenemos conjuntos completos, de la talla de niña a la de adulta, y en la prueba te enseñamos qué piezas lleva cada modelo para que salgas vestida de arriba abajo, sin ir juntando cosas de aquí y de allá.