Guía · Épocas
Traje de fallera del siglo XVIII o del XIX: diferencias y cómo elegir
No todos los trajes de fallera son iguales. Detrás de cada modelo hay una época, y las dos grandes referencias de la indumentaria valenciana son el siglo XVIII y el siglo XIX. Conocer sus diferencias te ayuda a entender lo que ves en la tienda y a elegir el traje que mejor va contigo, con tu falla y con el acto al que vas.
La indumentaria fallera se inspira en la ropa que llevaban las valencianas en otras épocas. Con los años, la fiesta ha recuperado y reinterpretado esos trajes, y hoy conviven dos grandes estilos: el dieciochesco, inspirado en el siglo XVIII, y el decimonónico, inspirado en el XIX. Cada uno tiene su silueta, su peinado y su forma de combinar las piezas.
El traje del siglo XVIII
El traje dieciochesco es el más antiguo de los dos y tiene un aire más austero y señorial.
El corpiño. Suele cubrir más, con una línea más recta y un escote más cerrado. La manga tiende a ser más larga que en el traje del XIX.
La falda. Se trabaja con dibujos clásicos, a menudo de motivos más pequeños y repetidos, que encajan con la sobriedad del conjunto.
El peinado. Es el rasgo más reconocible: un solo moño, recogido en la parte posterior de la cabeza, adornado con su peineta y sus agujas.
El aderezo y los complementos. Más contenidos, en armonía con la línea sobria del traje. La manteleta y el pañuelo se colocan de forma que acompañan al corpiño sin recargarlo.
A quién le va bien: a quien busca un traje con personalidad, distinto, con un punto histórico. Es una elección cada vez más apreciada y que llama la atención en cualquier acto.
El traje del siglo XIX
El traje decimonónico es el que la mayoría de la gente imagina al pensar en una fallera.
El corpiño. Más ajustado y con escote más abierto, rematado con encaje. La manga suele llegar al codo.
La falda. Con más vuelo, gracias a las enaguas, y grandes ramos florales que lucen en todo su esplendor.
El peinado. Tres moños: uno en la parte posterior, con la peineta, y dos a los lados, sobre las orejas, con sus agujas. Es el peinado más reconocible de la fiesta.
El aderezo y los complementos. Más vistosos, con peinetas, pendientes y joyas que llenan el conjunto de brillo. La manteleta se convierte en una pieza de mucho lucimiento.
A quién le va bien: a quien quiere el traje de fallera más clásico y reconocible, el de la ofrenda y la fotografía de toda la vida.
Las diferencias, de un vistazo
- Peinado: un moño en el XVIII, tres moños en el XIX.
- Corpiño: más cerrado en el XVIII, más escotado y con encaje en el XIX.
- Manga: más larga en el XVIII, al codo en el XIX.
- Volumen: más contenido en el XVIII, con más vuelo en el XIX.
- Aire general: sobrio y señorial en el XVIII, luminoso y festivo en el XIX.
Ninguno es mejor que el otro. Lo importante es que el traje sea coherente de arriba abajo: la tela, el corte, el peinado y el aderezo tienen que hablar de la misma época.
La coherencia, la clave de un buen conjunto
El error más frecuente no es elegir una época u otra, sino mezclarlas sin querer: un corpiño de una época con un peinado de otra, o un aderezo que no encaja con el corte. El resultado puede ser bonito, pero no termina de lucir. Por eso, en la prueba, te ayudamos a que todas las piezas cuenten la misma historia.
Cómo elegir el tuyo
Hazte estas preguntas:
- ¿Qué se lleva en tu falla? Algunas comisiones tienen preferencia por un estilo, sobre todo en los cargos. Pregunta antes de decidir.
- ¿Qué peinado te ves llevando? El de un moño y el de tres moños cambian mucho la imagen.
- ¿Buscas lo clásico o algo distinto? El XIX es el traje de siempre. El XVIII llama la atención por ser menos habitual.
- ¿Qué acto es? Ambos estilos encajan en actos solemnes, pero el aire de cada uno cambia la sensación del conjunto.
Verlos juntos en la tienda
La mejor forma de decidir es ver los dos estilos juntos y probártelos. En nuestra colección tenemos trajes de corte dieciochesco y decimonónico, en distintas telas y tallas, para que puedas compararlos con calma, con su manteleta y su aderezo, y elegir el que de verdad te representa.
El dibujo y la época
El dibujo también habla de la época. Los trajes de inspiración dieciochesca suelen lucir motivos más menudos y repetidos, y colores profundos que refuerzan su aire señorial. Los decimonónicos se asocian con grandes ramos florales, con más color y más contraste, que llenan la falda de vida.
No es una regla rígida, y en la tienda verás combinaciones de todo tipo, pero tenerlo en cuenta ayuda a que el conjunto sea coherente. Un dibujo de ramo grande con un peinado de tres moños resulta muy natural, igual que un motivo pequeño con un peinado de un solo moño.
Un traje que cuenta una historia
Vestir un traje de época es, en cierto modo, rendir homenaje a las mujeres que lo llevaron antes. Por eso muchas falleras disfrutan conociendo el porqué de cada pieza: de dónde viene la manteleta, por qué se colocan así las agujas, qué significaba llevar una tela u otra. Si te interesa, pregúntanos en la prueba. Nos encanta contarlo, y conocer la historia hace que el traje se lleve de otra manera.
Cuando hay un cargo de por medio
Si vas a ser fallera mayor o formar parte de una corte de honor, la elección de época cobra todavía más importancia. En muchas comisiones las falleras de la corte visten en armonía entre ellas, y a veces se acuerda un mismo estilo para todo el grupo. Antes de venir a la prueba, consulta con tu comisión si hay alguna preferencia. Así podremos preparar una selección que encaje contigo y con el resto del grupo.